Mi rincón poético sobre la cultura musical de 1910 y 1920.

Si nos fijamos en las anteriores entradas, todas conllevan alguna novedad o curiosidad que suele quedarse grabada en la mente del lector. Pero, en esta ocasión, escribiré partiendo con el corazón y llegando al objetivo de alcanzar una expresión personal y siendo única. Sí, me refiero a que escribiré teniendo solo en cuenta lo que mi cerebro quiera explicar y lo que mi alma quiera mostrar.

No es fácil hacer una entrada con solo dos ingredientes, el alma y el cerebro, pero si que se puede alcanzar de esta manera un reflexión poética, bonita y registrada con una marca única.

Cómo el tema principal es la cultura musical de los años de 1910 y de los años de 1920, me centraré en lo que he aprendido y lo que se ha enriquecido el corazón detrás de cada investigación de contenidos expuestos en las anteriores entradas.

Empezaré diciendo que la cultura musical, sus aspectos, sus formas de vida y sus pasos que ha dado hasta evolucionar a los estilos que conocemos en la actualidad, son de verdadero interés conocerlos, porque quien no escucha música no vive uno de los mejores placeres de la vida. Y qué mejor escucharla sabiendo conocimientos y entendiendo como ha nacido y la evolución que ha sufrido.

Si que es cierto que los años de 1910, eran unos años marcados por la influencia del siglo XIX y en los que la música tan sólo estaba configurándose para despegar, pero, ¿Que sería de la música clásica o los bailes de salón sin esas herramientas que se proporcionaban en estos años? o ¿Que sería la esfera musical sin aquellos compositores que marcaron muy hondo a la población joven o no tan joven?

Yo creo que todas las respuestas conllevan una misma respuesta: todo lo sucedido en la historia musical, cada detalle, cada circunstancia por mínima que sea ha provocado una evolución de armonías, acordes existentes hoy en día.

Por ello, tanto los años de 1910 como los años de 1920 tienen la misma importancia, puesto que cada uno de ellos ha aportado grandes dosis de vitalidad y dinamismo necesario en esta vida, unas dosis musicales que hacen que el alma escuche y el oído baile.

Los felices años veinte, unos años en los que la prosperidad económica reinaba y en los que la cultura de la música iba cada vez haciéndose más fuerte. La música era y es la verdadera esencia de la historia de la vida. Es más bello ver y escuchar que ver sin oír.

Por todo ésto, cuidemos la música igual que ella nos cuida el alma, porque no hay mejor medicina para la tristeza que una buena melodía. Así que, la música es y será la protagonista en nuestro querido espacio virtual.